Un pintor es quien pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es quien vende lo que pinta (Picasso)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Viento Cálido en El Curauma

Oleo sobre tela de 070x050


La arena se eleva como lágrimas deshidratadas
que siguen su lamento.
El sol les iza y cómplices
surgen aires tibios, detrás del monte que les sostiene,
que las mima de puro gusto.
Se hace tarde en la costa furiosa. Los árboles se duermen
con sus hojas y bailan entre ellas,
como si fuesen manos verdes que se unen,
que transitan por la escena movediza.

Más mi pena sigue chorreando colores,
de aquellos que nunca he visto en un ocaso.
Llueven chispas de nostalgia contenida,
se agigantan los bosques de sal,
se abren otros en la ventisca.
Y bajo el tenue granizo de piedra
mi mente se acuesta a soñar por dentro.

Viento fresco, temperado, obsoleto, que se traga la calma.




martes, 1 de septiembre de 2009

Vamos a la Fiesta

Oleo sobre tela de 110x090 cm.



El cielo está enrarecido, tal vez llueva camino al carnaval. La luna traviesa, que se esconde a menudo, muestra un camino árido colmado de silencio. Nuestro lugar se alimenta de los comensales que arriban. Van llegando plácidos, sueltos, sin prisa.

Pueden venir como les plazca, de traje y sombrero, llenos de esperanzas, desnudos, abiertos. Podrán disfrazarse de lo que más quieran y ojalá sean las estrellas de este concierto de risas y muecas. Lo que queremos es que vengan de todas formas, de colores imposibles, de trazos curvos o rectos, libres, gigantes o estrechos. La noche nos acompaña desde cerca y vigila nuestra voluntad de lucirnos.

El hombre dentro de un reptil se acerca suavemente a conversar de lo astuto que ha sido en llegar primero al banquete. No le fue fácil internarse en los pantanos de su vulnerabilidad. La mujer que se esconde bajo un alumbramiento le recibe afable y llena de gozo, ofreciéndole ser el padrino de su creatura. Gente que aún piensa en como llamar la atención del resto de los invitados, sigue en la ruta retocando sus vestimentas y procesos internos. Mientras la clásica francesa ya no da más con tanta comba en subida y el retrovisor que les bañaba de seguridad ya no les sigue, más la ciudad se aleja a cada vuelta del camino, infiriendo ansiedad a los que ahí viajan contentos, atentos al camino invisible.


Felipe Bunster