martes, 28 de diciembre de 2010
lunes, 20 de diciembre de 2010
lunes, 13 de diciembre de 2010
jueves, 2 de diciembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
miércoles, 10 de noviembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
viernes, 29 de octubre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
viernes, 1 de octubre de 2010
jueves, 30 de septiembre de 2010
martes, 28 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
Esténcil
El estarcido, también llamado esténcil (del inglés stencil) es una técnica artística de decoración en que una plantilla con un dibujo recortado es usada para aplicar pintura, lanzándola a través de dicho recorte, obteniéndose un dibujo con esa forma. Los normógrafos (reglas perforadas que permiten reproducir las letras del alfabeto normalizadas) se basan en la técnica del estarcido.
Una de las formas más usuales de hacerlo es recortando la imagen deseada sobre una hoja de papel duro; el dibujo aparece como un espacio abierto con zonas sólidas alrededor. La plantilla así obtenida se sitúa sobre una nueva hoja de papel y se aplica la pintura sobre toda la superficie. Las zonas de pintura que llegan a la hoja inferior quedan limitadas a la forma de los huecos de la plantilla, creando así la imagen deseada.
Si bien el proceso de estarcido se utilizaba ya en la antigua Roma, alcanzó el mayor grado de popularidad en Estados Unidos durante los años sesenta, cuando muchos artistas utilizaban como medio de expresión los colores puros y las imágenes de contornos marcados.
El estarcido más antiguo que se conoce se encuentra en la cueva de las manos (situada en la patagonia chilena y argentina) . El estarcido se ha venido usando desde la antigüedad para duplicar los diseños decorativos en paredes, techos y tejidos. Era muy corriente en China y Japón para marcar los embalajes con sellos y caligrafía. Este sistema se ha empleado también para colorear grabado a fibra, grabado al aguafuerte o grabados, utilizando diferentes plantillas para los distintos colores.
jueves, 9 de septiembre de 2010
sábado, 4 de septiembre de 2010

Nace en Santiago de Chile en 1968. El quinto de seis hermanos, hijo de la destaca pintora María Angélica Baeza, Licenciada en Arte Pontificia Universidad Católica de Chile y de Jorge Molina Valdivieso, Abogado, Periodista y Político.
Hace sus estudios en en Colegio “SSCC -Manquehue”.
Casado con Fernanda Callejas, Orfebre y Diseñadora de Vestuario, tiene tres hijos.
Amantes y respetuosos del medio ambiente viven a las afueras de Santiago hace más de diez años y es donde el pintor tiene ubicado su taller.
Estudia Fotografía con Boguslaw Borowicz , afamado fotógrafo Polaco afincado en Chile y el multifacético Roberto Mardones (Interview - Cuerpos Pintados)
El haber crecido con un referente como su madre, lo hace impregnarse del arte en forma innata, como un sentido más, y comienza su búsqueda en la pintura, en forma autodidacta, como referente genético.
En esta búsqueda se traslada en barco a Europa a comienzos de los ’90 donde es acogido por el artista Roberto Mardones en el Barrio de Gracia. Y es él quien lo inserta rápidamente en el mundo cultural Catalán.
Al moverse hacia Sevilla por la Exposición Universal, aterriza bajo el alero de Roberto Durán, Subcomisario del Pabellón de Chile.
Al poco tiempo de arribar, Durán le presenta al pintor Roberto Matta, en una cena en su honor, ya que el maestro cumplía años. Hacen buenas migas y él lo motiva a seguir pintando e invita a visitarlo en los talleres de Tarquinia Civitavechia, Italia y Boulevard Saint Germain en París, Francia.
En los años 1992-1993 conjuntamente con su perfeccionamiento en la pintura, trabaja como corresponsal en viaje para distintos medios de prensa por motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla 1992.(Diario La Epoca, Revista Caras, La Red televisión)
En 1993 regresa a Chile, dedicándose de lleno a su pasión; la pintura, participando también en diversos talleres y proyectos de integración social infantil. “Pintando con los Niños, de la Fundación Integra”
Ha expuesto en diversas galerías en Chile y el exterior.
Su obra es adquirida por coleccionistas en Europa, Asia, Norteamérica y América Latina.
Exposiciones
Pintores Chilenos Affittasi Il Carrosello, Milano, Italia. (1991)
Mostre personalli Gallerie d`Arte Pittart – Milano Italia (1991)
Mostre Colletive , Galleria Palazzo Margutta – Roma Italia (1991)
"Sabores del Sur” Centre d’Art Consell de Cent, Barcelona, España. (1992)
Muestra Colectiva, La Galeria , Sant Cugat del Vallès, Barcelona , España (1992)
Proyecto de la Fundación Integra “Pintando con los Niños” Mun. de San Miguel , Santiago de Chile (1993)
Proyecto de la Fundación Integra “Pintando con los Niños” Hospital R. del Rio Santiago de Chile (1996)
Proyecto de la Fundación Integra “Pintando con los Niños” Museo de Bellas Artes (1997)
Proyecto de la Fundación Integra “Pintando con los Niños” Mun. de La Granja Santiago de Chile (1998)
"Onírica” La Galería, Club Las Brisas de Chicureo, (2002) Santiago de Chile.
Exposición -Venta de arte, a beneficio del programa “Creciendo Bien” Ciudad de Guatemala, Guatemala (2005)
jueves, 2 de septiembre de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
viernes, 20 de agosto de 2010
domingo, 8 de agosto de 2010
Texto de Ed Shaw

Felipe sallies forth as a knight errant in his quest to express his essence in paint. His is the essence of every maturing youth whose dissatisfaction with the ‘system’ has no practical form of expression. As a hereditary beneficiary of the ‘system’, he knows it inside out. He has chosen to become its critic: he lives outside its sacrosanct perimeter, knows how to play it when necessary, recognizes its perks, but chooses to paint his way out of it.
As a painter, he has his debts, as do all artists. Few Chilean painters can escape the cosmic vision of Roberto Matta, whose otherworldly creatures, fluid backgrounds, and ping-pong game between the past and the future leave a turbulent present for the viewer to resolve for himself. Bunster does not seek to emulate Matta’s metaphysics. His backgrounds, however, have reminiscences of the master’s favorite flavors. It is to his credit that he aims for the best in a national tradition that provides more monotony than variety.
His palette is stark and strident, shocking to an eye accustomed to the classics like Matisse or Monet. The work has the bite of certain poster art, designed to maximize its impact by shock. Elements of graphic design pop in and out of the work. There is no attempt, however, to seduce the art lover with gentle caresses of color, no interest in being ‘decorative’ or user-friendly. Bunster can be playful, but his game is a rough one, not attuned to the delicacies of the upscale market place.
The artist has created a personal arsenal of symbols. Distortion is a major source of his firepower. Contrast is blatant in both the placement of color and the juxtapositioning of symbols. The first impression is one of constrained chaos, of an abandonment of clarity and cohesion. At first glance, there is an excess of information, too many points of interest competing for the viewer’s attention. Each viewer has his antennas set in the channels of past experience: each antenna is trained to focus on a variant of what has customarily been its principal area of attention. Bunster’s work falls outside of that preordained selection of imagery. This confrontational approach means that the viewer has to enlarge the boundaries of his past experience to incorporate the new material the artist offers. Some have that capacity, other do not. A portion of those who can, will find a clue, a hint of previously acceptable experience in a fragment of a painting. It is upon that fragment that the viewer must build his dialogue with the painting, establish a common ground on which to incorporate the painting in its entirety into the scope of his experience.
Perhaps it is a splash of color that elicits the retina’s approval. Perhaps one of the images or symbols awakens curiosity as it transits the tunnel from eye to mind. The viewer with an open attitude can take these fleeting perceptions as signals confirming the validity of further evaluation. Step by step, the wary viewer enters into a tenuous dialogue with the work, and from this interaction, the work is impregnated with a latent magnetism that can facilitate the approach of a future viewer. In turn, the viewer is imbued with a heightened receptivity that will permit him to look upon the next painting he confronts with a more generous attitude.
Bunster’s paintings are challenging to the eye and disquieting to the mind. They are confrontational: stepping stones to understanding the changes that engulf us at every moment of our lives. They provide information, stepping stones to what the changes entail, how to contend with them, and how to discard our fears and recognize them for what they are: he offers us signposts to navigating in today’s world in all its infinite complexity and discontinuity. We should be grateful to Felipe for forewarning us of the dangers and delights of this tumultuous world we inhabit.
The true mark of an artist is his ability to move society forward. Felipe through his visual warnings, alerts us to this challenge. His art is provocative. Let yourself be provoked and his work will have accomplished its purpose. The reaction is in the eye of the beholder. Expression in any form of art aims at expanding our consciousness. Felipe’s plea for transformation, however, is aimed at our existential register rather than our spiritual person. His is a powerful wake-up call to incorporate a broader spectrum of the colors that can enrich an everyday life, of the symbols that can facilitate our understanding of it.
[Posted with iBlogger from my iPhone]
La pintura de Felipe Bunster nos impacta como la sección de percusión en un concierto de rock. El ritmo es vigoroso y se palpa, golpeando nuestros órganos vitales así como fijando el ojo. Sus imágenes son agresivas y formidables: símbolos de esta era y entorno los que él anuncia por medio de agresivos brochazos. Incluso su uso del color subraya su mensaje, un mensaje que refuerza la fiereza de lo contemporáneo. La obra es una versión visual de la música de esta era, el sonido y las canciones que han reverberado en sus oídos desde que era niño.
Felipe sale impetuosamente como un caballero andante que busca expresar su esencia en la pintura. Él representa la esencia de todos aquellos jóvenes que en el viaje hacia la madurez van expresando su insatisfacción con el “sistema”, y donde en realidad no hay una forma práctica de expresarlo. Él, como un beneficiario heredero del “sistema”, se lo conoce al revés y al derecho. Él ha decidido ser su crítico: vive fuera de su sacrosanto perímetro, sabe cómo bailar al son de la música cuando es necesario, reconoce sus atractivos y conveniencia, pero elije salirse de ese ambiente por medio de su pintura.
En su calidad de pintor, tiene sus deudas, como todos los artistas. Pocos pintores chilenos pueden escapar de la visión cósmica de Roberto Matta, cuyas criaturas de otros mundos, trasfondos fluidos, y juego de ping-pong entre el pasado y el futuro dejan un turbulento presente para que el observador lo resuelva por si mismo. Bunster no busca emular la metafísica de Matta. Sin embargo, sus visiones tienen reminiscencias de los sabores favoritos del maestro. Y hay que reconocerle que apunta a la excelencia dentro de una tradición nacional que nos da más monotonía que variedad.
Su paleta es fuerte y estridente, impactante para un ojo acostumbrado a los clásicos como Matisse o Monet. La obra muerde como cierto arte tipo afiche, diseñado para maximizar el impacto vía shock. Los elementos del diseño gráfico irrumpen y saltan fuera de sus obras. Sin embargo, no hay ningún intento de seducir al amante del arte con suaves caricias de color, ningún interés en ser “decorativo” o amigable. Bunster puede ser juguetón, pero su juego es duro, sin ánimo de complacer o estar a la altura de las delicadezas que gustan al mercado de la elite.
El artista ha creado un arsenal personal de símbolos. La distorsión es una fuente importante de su artillería. El contraste es evidente tanto en su manera de ubicar el color y la yuxtaposición de símbolos. La primera impresión que nos llega es una de un caos constreñido, una negación total de la claridad y de la cohesión. A primera vista, hay un exceso de información, demasiados puntos de interés que compiten por la atención del observador. Cada observador tiene sus antenas dirigidas hacia los canales de su experiencia previa: cada antena dirigida a enfocar en la obra de Bunster cae fuera de esa selección predeterminada de imaginería. Este enfoque confrontacional significa que el observador debe ampliar los márgenes de su experiencia pasada a fin de incorporar el nuevo material ofrecido por el artista. Algunos tienen esa capacidad, otros no. Parte de los que sí pueden, encontrarán una pista, una insinuación de una experiencia previa aceptable en un fragmento de una pintura. Es sobre ese fragmento que el observador debe construir su diálogo con la pintura, estableciendo un terreno común en el cual podrá incorporar la pintura completa al ámbito de su experiencia.
Quizás sea un manchón de color lo que provoca la aprobación de la retina. Quizás una de las imágenes o símbolos despiertan la curiosidad mientras transitan por el túnel que va del ojo a la mente. El observador que tenga una actitud abierta podrá tomar estas fugaces percepciones como señales que confirmen la validez de una futura evaluación. Paso a paso el observador cauto ingresa a un tenue diálogo con la obra, y fruto de esta interacción, ésta se impregnará de un latente magnetismo que puede facilitar la llegada de un observador futuro. En cambio, el observador estará impregnado de una mayor receptividad que le permitirá observar la siguiente pintura a la que se enfrente, con una actitud más generosa.
Las pinturas de Bunster son desafiantes para el ojo e inquietantes para la mente. Son confrontacionales; escalones para comprender los cambios que nos envuelven a cada minuto de nuestras vidas. Proporcionan información, escalones hacia el significado de estos cambios, de qué manera manejarlos, y de qué manera desechar nuestros temores y reconocerlos por lo que realmente son: él nos ofrece “letreros” para navegar por el mundo de hoy en toda su infinita complejidad y discontinuidad. Debiéramos agradecer a Felipe por advertirnos de los peligros y delicias de este mundo tumultuoso en que vivimos.
La verdadera meta de un artista está en su habilidad para empujar a la sociedad hacia delante. Felipe a través de sus advertencias visuales nos alerta sobre este desafío. Su arte es provocativo. Déjese provocar y así su obra habrá cumplido su objetivo. La reacción está en el ojo del observador. La expresión en cualquier forma de arte aspira a expandir nuestra conciencia. Sin embargo, el mensaje de Felipe pidiendo transformación está dirigido a nuestro registro existencial en vez de a nuestro ser espiritual. El suyo es un poderoso llamado para incorporar un espectro más amplio de los colores que pueden enriquecer una vida diaria, así como los símbolos que pueden facilitar nuestra comprensión de ello.
Traducido por Jaime Bunster.












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