
Bunster nos abruma.
Visiones, visiones alegóricas de escenarios prosaicos para algunos pocos - cactus y picos, nubes y dunas. Desde la ruda naturaleza, Bunster baja a las chozas de un pueblo que se defiende - al puro estilo Franja de Gaza - de los elementos que lo encierra. Visiones de las pesadeces de los humanos y las vejaciones de los elementos - el sol rasante, el viento constante, la noche que traga la tranquilidad, entre una civilización mal interpretada que nos convierte en viajeros de estos viajes sin rumbo- que empiezan a píe y con la adolescencia pasan a transcurrir en bici.
El que acepte viajar en los cuadros de Felipe deambula por un caleidoscopio de imágenes que - a lo de Matta - se divide en fragmentos de furia, en trozos de tentación. Pero - en síntesis - son pequeños retratos del ego del autor - nuestro Felipe, que a través de su habilidad con el color y su manejo de la forma nos proyecta su paisaje - su pasaje. Si en su obra, Matta nos induce hacia un epicentro, Felipe disgrega el entorno - ofreciéndonos retazos de paisajes, retazos de un sobrevuelo – a ojo de pájaro - de la actualidad postmoderna que nos toca. Felipe se atreve; depender - y desprender - de los retazos en la composición de su cosmovisión. Es un ser que se arriesga, que nos quiere atar a la cola de su cometa, la bici a la deriva en el desierto - el artista en su odisea - color como catarsis, forma como ancla - el arte como expresión de la confusión de ser cómplice en convivir con nosotros, los sobrevivientes de las circunstancias. Felipe nos propone, realiza, y redacta su visión - visión alegórica de sus esperanzas, sus añoranzas, nuestras divagues, nuestras equívocos. Cada cuadro de Felipe es una invitación a participar en la gran drama de vivir, es un testimonio de la experiencia de un comprometido. La vida se vuelve obsesiva - como la rotación de la rueda de una bici: o grandiosa - como el paisaje del desierto. Cuál te toca, cuál es capaz de aguantar - esto es el mensaje de la obra de Felipe. Su intensidad abruma, pero su sinceridad es una invitación a la reflexión. Nos invita – con estos cuadros - a celebrar la vida a su manera.
Edward Shaw Marchand y Gestor Cultural